Una historia que comenzó con una promesa
Hablar de la historia del Movimiento de Cursillos de Cristiandad en El Salvador es hablar, inevitablemente, de providencia. Y esa providencia tiene nombres concretos: María Teresa Mateu y Antonio Punyed.
Un encuentro en España que cambió el rumbo
El 12 de octubre de 1955, en Creixell (Tarragona), se clausuraba el Cursillo de Cristiandad Nº 12. Entre los nuevos cursillistas se encontraba Antonio Punyed. Aquel Cursillo no fue un simple retiro espiritual; fue el inicio de una vocación apostólica.
Un año más tarde, Antonio era llamado a la Escuela de Profesores de Cursillos. Vivió un cursillo de auxiliar y otro como rollista, proclamando el rollo “Estudio”. El carisma había echado raíces en su corazón.
En España también conoció a María Teresa Mateu. El encuentro entre ambos no fue solo humano; fue apostólico. Soñaron juntos. Y aquel sueño cruzaría el Atlántico.
El 28 de septiembre de 1958, Antonio llegó a San Salvador, cumpliendo la promesa hecha a María Teresa. El 30 de noviembre de ese mismo año celebraron su matrimonio. Así comenzó, silenciosamente, la historia del MCC en El Salvador.
Una carta y una puerta abierta
Antes de partir, Antonio solicitó al Cardenal Mons. Benjamín de Arriba y Castro una carta de presentación como dirigente del MCC en Tarragona. No llegaba como improvisado entusiasta, sino como dirigente formado y enviado.
Con esa carta se presentó, junto a María Teresa, ante Mons. Luis Chávez y González, Arzobispo de San Salvador. La respuesta fue clara y pastoral: San Salvador estaba a su disposición, pero debía conocerse primero el ambiente.
Fiel a la estrategia original del MCC —evangelizar desde el conocimiento profundo de la realidad— Antonio se insertó en la sociedad salvadoreña. No hubo prisas. Hubo discernimiento.
1962: El primer Cursillo

Del 27 al 30 de noviembre de 1962 se celebró el primer Cursillo de Cristiandad de hombres en El Salvador. Diecisiete hombres vivieron aquella experiencia fundante.
El equipo estaba conformado por:
- Rector: Antonio Punyed
- Rollista: Arturo Punyed
- Auxiliares: Francisco Huget, Ernesto Criollo y Manuel Rivera
- Directores Espirituales: Pbro. José Inocencio Alas y Pbro. Bautista (franciscano, cursillista de Murcia)
Entre los participantes se encontraba un joven sacerdote, párroco en San Miguel: el Pbro. Oscar Arnulfo Romero.
Óscar Arnulfo Romero
Aquel sacerdote, que años más tarde sería Arzobispo de San Salvador y mártir de la Iglesia, vivió su Cursillo como uno más, dejándose impactar por el anuncio kerigmático.
La clausura fue presidida por Mons. Arturo Rivera Damas, Obispo Auxiliar de San Salvador, otro nombre que marcaría profundamente la historia eclesial del país.
1966: El momento institucional — nace el Secretariado Nacional
Cuatro años después del primer Cursillo, el Movimiento había echado raíces suficientes para dar un paso decisivo: su estructuración nacional.
El 16 de marzo de 1966, a las 20:30 horas, en la Casa San Pablo de San Salvador, se reunieron sacerdotes y laicos para constituir formalmente el Secretariado Nacional de Cursillos de Cristiandad de El Salvador. La sesión se abrió, como no podía ser de otra manera, con la invocación al Espíritu Santo.
No era un simple acto administrativo. Era la confirmación eclesial de una obra que ya estaba viva.
Se dio lectura al Decreto del Episcopado salvadoreño que oficializaba el Secretariado Nacional. La Iglesia no solo permitía el Movimiento: lo reconocía y lo asumía como propio
Acta No 1 SECRETARIADO NACIONAL…
El Secretariado quedó constituido de la siguiente manera:
- Asesor Nacional: Mons. Lorenzo Graziano
- Director Nacional: P. José Inocencio Alas
- Vice-Director Nacional: P. Camilo Girón
- Secretario Nacional: José Antonio Punyed Recanses
- Tesorero: Dr. Oscar Francisco Segreda
Y como miembros, sacerdotes y laicos, entre ellos el propio P. Oscar Arnulfo Romero
Acta No 1 SECRETARIADO NACIONAL…
Aquí se revela algo profundamente significativo: el MCC en El Salvador nació y creció en plena comunión con la jerarquía, con participación activa de quienes más tarde serían figuras decisivas en la Iglesia salvadoreña.
No fue un movimiento paralelo. Fue eclesial desde su origen.
Una gracia para la nación
El Movimiento de Cursillos de Cristiandad en El Salvador no fue simplemente una importación española. Fue una encarnación del carisma en suelo salvadoreño.
Nació de un matrimonio misionero.
Fue discernido por un arzobispo prudente.
Se consolidó con el respaldo episcopal.
Contó entre sus miembros a quien sería santo y mártir.
El MCC salvadoreño vivió las tensiones propias de la historia del país, pero conservó su esencia: anunciar lo fundamental cristiano, formar dirigentes, fermentar los ambientes.
Hoy, mirando hacia atrás, podemos afirmar que aquella noche del 16 de marzo de 1966 no fue solo la redacción de un acta. Fue la proclamación silenciosa de que el Espíritu Santo había querido plantar en El Salvador una corriente de gracia destinada a perdurar.
Y como toda historia auténtica del Movimiento, comenzó con una experiencia personal de encuentro con Cristo… y con una promesa cumplida.
De Colores.