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Santi: un testigo alegre que sigue evangelizando desde el cielo

Hay personas que, con su sola presencia, iluminan el camino de los demás.
Santiago Jiménez —Santi, como todos le llamaban— fue una de esas almas transparentes que, con su alegría y su fe contagiosa, supo mostrar el rostro amable de Dios en lo cotidiano.

Dirigente veterano del Movimiento de Cursillos de Cristiandad en Madrid y profesor muy querido en el colegio San Ignacio de Loyola de Torrelodones, Santi vivió como hablaba: con humor, con entrega y con un corazón puesto en Cristo. En sus clases, en los grupos, en las convivencias o en los cursillos, siempre tenía una palabra de ánimo, una sonrisa sincera y una mirada que hacía sentir a todos valiosos a los ojos de Dios.

Cuando la fe se hace comunidad

El día en que Santi se desplomó en clase, algo más grande que el dolor se despertó: una ola inmensa de oración.
Desde el colegio, desde los grupos del MCC, desde parroquias y hogares, cientos de personas se unieron en una misma súplica. El rosario, la Eucaristía y la adoración se convirtieron en un canto de confianza, un recordatorio de que la fe compartida es capaz de sostener la esperanza incluso en la noche más oscura.

Y aunque Santi finalmente partió a la Casa del Padre, su familia y amigos dieron testimonio de una paz que solo puede venir del cielo. Su hijo, con una madurez deslumbrante, resumió lo que muchos sentimos:

“El milagro ya está hecho. El milagro es poder llevar esto con paz, sabiendo que la vida simplemente es un paso para llegar al verdadero objetivo: la vida eterna.”

La fecundidad de una vida entregada

Hasta el final, Santi siguió evangelizando. Su familia pidió transformar las flores en becas para cursillos y convivencias, para que nadie se quede sin la oportunidad de encontrarse con Cristo.
Ese gesto resume su espíritu: una vida entregada que sigue dando fruto más allá del tiempo y la muerte.

Hoy, quienes compartimos su camino en el Movimiento, sentimos gratitud y esperanza. Porque Santi no se ha ido: sigue caminando con nosotros, ahora desde el cielo, alentándonos a vivir con alegría, a confiar en el Señor y a anunciar con obras que el cristiano nunca muere, solo cambia de morada.

 Vivir “De Colores”, como Santi

Su testimonio nos impulsa a seguir viviendo el ideal cursillista: llevar el Evangelio a los ambientes con sencillez, con humor, con amor.
Recordar a Santi es recordar que la santidad no es lejana, sino que se teje en lo cotidiano, en las aulas, en las reuniones de grupo, en la Ultreya… En lo que aprendió de D. Sebastián Gaya: en la amistad y en el servicio.

Gracias, Santi, por seguir mostrándonos con tu vida y tu partida que vale la pena creer, amar y vivir “De Colores”.
Tu alegría sigue siendo misión.
Tu ejemplo, camino.
Tu vida, Evangelio hecho carne.

¡De Colores, amigo! 🌈

 

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