Hablar de la historia del Movimiento de Cursillos de Cristiandad en Puerto Rico es hablar de una de las páginas más fecundas y luminosas de la expansión del carisma de Cursillos por el mundo. Es contemplar cómo una pequeña semilla nacida en Mallorca cruzó el océano y encontró una tierra preparada para dar fruto abundante.
Todo comenzó en la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico en noviembre de 1961. Aquel mes llegó a la isla un equipo de dirigentes procedente de Mallorca encabezado por el sacerdote mallorquín Jaime Capó Bosch, hermano de Juan Capó Bosch, quien había sido director espiritual del primer Cursillo de Cristiandad celebrado en Mallorca en enero de 1949.
La llegada del Movimiento a Puerto Rico no fue un acontecimiento más. Desde el primer momento se percibió que algo especial estaba ocurriendo. Entre el 2 y el 5 de noviembre de 1961 se celebró en la Casa del Buen Pastor el primer Cursillo de Cristiandad de la isla. Aquel primer cursillo fue seguido por otros cuatro en apenas unas semanas. El entusiasmo generado fue tan grande que, antes de finalizar el mes, ya se había constituido el Secretariado, se había iniciado la Escuela de Dirigentes y se había celebrado la primera Ultreya.
El equipo mallorquín regresó entonces a su tierra con la satisfacción de la misión cumplida. Pero lo más importante apenas comenzaba. Los dirigentes puertorriqueños asumieron la responsabilidad del Movimiento con una ilusión contagiosa y una entrega admirable. Los primeros cursillistas, transformados por la experiencia vivida, comenzaron a irradiar en sus ambientes la alegría del encuentro con Cristo.
Aquella sociedad respondió con una fuerza inesperada. Las solicitudes para realizar el Cursillo crecían constantemente y pronto surgió un problema que, en realidad, era una bendición: no había suficientes espacios para atender a todas las personas que deseaban vivir la experiencia.
Un sueño llamado Casa de Cursillos
Ante aquella realidad, comenzó a madurar un sueño que parecía imposible: construir una Casa de Cursillos propia.
Los dirigentes comprendieron que no bastaban las buenas intenciones. Era necesario organizarse, estudiar, profundizar en la mentalidad y el método del Movimiento y asumir una responsabilidad que superaba ampliamente sus posibilidades humanas.
El primer paso fue obtener el apoyo del Arzobispo de San Juan, Mons. James Peter Davis. El prelado acogió favorablemente la iniciativa y animó a los laicos a llevarla adelante, con la condición de que fueran ellos mismos quienes asumieran la responsabilidad económica y jurídica del proyecto.
El segundo paso fue encontrar el lugar adecuado. La Providencia volvió a manifestarse cuando Francisco “Kico” Castro facilitó generosamente los terrenos donde habría de levantarse la futura Casa.
El tercer paso consistió en movilizar a toda la comunidad cursillista. Ya no bastaban las palabras. Era necesario trabajar, sacrificarse y comprometerse. Los cursillistas respondieron con generosidad. Lo que comenzó como un sueño se convirtió en un proyecto concreto cuando Ico Montilla presentó los primeros bocetos de la futura Casa.
A finales de 1962 la obra ya estaba en marcha. Lo que parecía una empresa imposible se convirtió en realidad gracias a la fe, la unidad y el entusiasmo de aquellos hombres y mujeres que creyeron que Dios podía hacer mucho más de lo que ellos mismos imaginaban.
La Casa de Cursillos fue bendecida a mediados de 1964, después de haberse construido en menos de año y medio. Aquella obra material se convirtió pronto en mucho más que un edificio. Pasó a ser un verdadero hogar espiritual para miles de personas y un centro de evangelización abierto a movimientos, asociaciones y grupos de toda la Iglesia puertorriqueña.
Jaime Capó: sacerdote, apóstol y cursillista
La historia de los Cursillos en Puerto Rico no puede comprenderse sin la figura de Jaime Capó Bosch.
Sacerdote profundamente enamorado del Evangelio y del carisma de Cursillos, acompañó al Movimiento desde sus inicios en la isla y permaneció como asesor espiritual hasta su fallecimiento. Su entrega fue extraordinaria. Se le reconoce como el sacerdote que más Cursillos de Cristiandad impartió durante toda su vida.
Pero quizá su legado más importante no fue la cantidad de cursillos realizados, sino la huella espiritual que dejó en generaciones de dirigentes y cursillistas. Supo transmitir con fidelidad el espíritu original del Movimiento, centrado en la amistad, el encuentro personal con Cristo y la transformación evangélica de los ambientes.
Su vida refleja perfectamente aquella frase que ha quedado unida para siempre a su memoria:
“Jaime Capó Bosch refleja el espíritu de quienes, con su entrega, hicieron factible lo que parecía desbordar los límites de la prudencia.”
Una historia que continúa
Más de seis décadas después de aquel noviembre de 1961, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad sigue siendo una realidad viva en Puerto Rico.
Actualmente está presente en seis diócesis de la isla y mantiene secretariados activos en varias de ellas. La Arquidiócesis de San Juan ocupa un lugar singular en la historia mundial del Movimiento. Con más de 1.825 Cursillos celebrados, es considerada la diócesis donde más Cursillos de Cristiandad se han realizado en el mundo.
Sin embargo, la verdadera grandeza de esta historia no se mide por el número de cursillos ni por la magnitud de sus estructuras. Se mide por las miles de personas que han descubierto que Dios les ama, por las amistades nacidas al calor de una Ultreya, por los ambientes transformados silenciosamente y por las innumerables vidas renovadas por la gracia.
La historia del MCC en Puerto Rico es, en definitiva, la historia de una comunidad que creyó en la fuerza del Evangelio. Una historia escrita por sacerdotes, dirigentes y cursillistas que supieron decir “sí” a Dios y ponerse en camino.
Y como toda auténtica historia de Cursillos, no pertenece únicamente al pasado. Sigue escribiéndose cada día allí donde un hombre o una mujer descubre que Cristo cuenta con él, que la amistad puede cambiar el mundo y que siempre es posible vivir —y contagiar— la alegría de ser cristiano.
De Colores.