Soy Maricel Silva de Pereira, felizmente casada con Javier Pereira, tenemos dos hijos: Tobias y Rafael; juntos hicimos el Cursillo N°11 de la Diócesis San Juan Bautista de las Misiones – Paraguay en el año 2008.
Compartir mi vida luego de mi encuentro personal con Cristo en el cursillo, representa todo un desafío y una misión realmente asombrosa, y así como lo señala el Evangelio de San Juan 21, 25: “Jesús hizo muchas cosas, tantas que si se escribieran en detalle, pienso que ni aun el mundo mismo podría contener los libros que se escribirían”.
Y es que con Él y en Él, puedo vivir más plenamente mi vocación como hija de Dios por mi Bautismo y recuperar la Gracia que por negligencia había perdido. Pero allí, en ese encuentro amoroso, descubrí los dones y talentos que tengo y decididamente opté por ponerlas a su servicio a través de tantos hermanos que necesitan.
En el cursillo me entregaron el trípode como sostén para mi vida cristiana, los cuales los desarrollo día a día, y sin duda haciendo uso de los medios de perseverancia que me ofrece este Movimiento: mi Grupo de Cristiandad San Pablo Apóstol y las Ultreyas que son verdaderos espacios donde alimento mi fe, cargo baterías y me fortalece para anunciar a Cristo en los ambientes.
“Yo soy la vid y ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mí, nada pueden hacer” (Jn.15,5): a la luz de este pasaje y con la sencillez de un ejemplo del campo (como mi tierra) el Señor me revela una vez más su misterio más sublime: el misterio de nuestra inserción a Él por la Gracia. Estamos unidos a Él por un vínculo vital, como los sarmientos a la vid.
Y es a través de ese vínculo amoroso, que Dios me llamó desde el primer momento de mi existencia, pues gracias a su amor y fruto de las oraciones pude vencer a una septicemia generalizada luego de 8 largos meses en un hospital, siendo aún muy pequeña. Me cuentan mis padres Ramón y Teresa (también cursillistas) que la oración hecha promesa fue la siguiente: si ella se salva, le hablaremos de Tí Señor.
Así, desde ese momento y con un compromiso más firme desde mi cursillo, llevo la alegría de Jesucristo Resucitado en mis ambientes, recordando las palabras del Papa Francisco: la verdadera santidad es alegría, porque “un santo triste es un triste santo”. Caminando a pasos lentos pero firmes y seguros hacia mi conversión personal y que a través de mi testimonio otros lo vean a ÉL que es el Camino, la Verdad y la Vida.
En mi primer retiro de cuarto día, al año siguiente de mi cursillo, entendí que hacer a Cristo el Señor de mi vida; es decir de mis cosas, de mi tiempo y de mi espacio, implicaba renunciamientos y sacrificios, iniciando con mejorar mi carácter, mi persona, mi trato con los demás, dejando de lado esa burguesía comodona que por mucho tiempo me impedía practicar el bien y ver la necesidades de mis hermanos.
Mi sentido de pertenencia a la Iglesia de Jesús, la vivo con esperanza: llevando su voz de aliento y consuelo a los que requieren de mi presencia con un trato amable, cálido y alegre, siendo el nexo para aquellos que buscan llegar a ese encuentro con Dios y no saben cómo hacerlo. Así, Él me ha permitido ser testigo de muchos milagros en la vida de jóvenes, novios, matrimonios y familias restauradas.
También (no niego), he pasado por momentos de desierto en mi vida espiritual, momentos de frustración y de angustia que me han permitido recordar que como ser humano carezco de todo y que solo con los Sacramentos especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, puedo hacer frente a este mundo vacío y sinsentido. Y resuena nuevamente en mi cabeza y en mi corazón: “porque separados de mí, nada pueden hacer”…
María Santísima nuestra Madre, ha sido y sigue siendo para mí el mejor modelo de humildad, de sencillez y de ternura; porque es Madre, esposa y amiga que me lleva con una oración hasta su Hijo muy amado, siendo la discípula fiel siempre dispuesta a servir.
Hoy al mirar en retrospectiva mi vida, puedo afirmar que nuestro querido Movimiento de Cursillos de Cristiandad es una herramienta válida para la evangelización, y que si uno se compromete con Dios, Dios se encuentra comprometido con Él.
Ánimo queridos hermanos, Cristo sigue contando con nosotros.
DE COLORES!