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Nicaragua: cuando el Señor sembró el Cursillo en tierra buena.

Hablar de los inicios del Movimiento de Cursillos de Cristiandad en Nicaragua es contemplar, con mirada agradecida, cómo el Señor va preparando la tierra, sembrando inquietudes y haciendo germinar su gracia en los corazones concretos de personas sencillas… pero disponibles.

Corría el año 1963 cuando, en la Casa de Retiro Gruta de Javier, en Managua, se vivió el primer Cursillo de Cristiandad, del 19 al 22 de septiembre. Aquella semilla llegó de la mano de un pequeño equipo colombiano —un sacerdote y dos dirigentes—, impulsado por la ilusión apostólica del Padre Federico Argüello, que había sentido en su corazón el deseo de que esta realidad del Cursillo también llegara a su tierra. Junto a ellos, acompañaron espiritualmente los padres Ángel de Jesús García, Ortega y Álvaro Oyanguren. Ese primer Cursillo no produce mayores frutos y se interrumpen.

Cuando una inquietud es de Dios… encuentra su momento.

Mons. Argüello y el Padre Oyanguren hacen entonces los arreglos necesarios con el Secretariado Diocesano de México y en Mayo y Julio de 1965 un equipo Mejicano da los Cursillos 2 y 3 de Managua. Así se inicia la segunda fase del movimiento de Cursillos de Cristiandad en Nicaragua

Al clausurarse el Cursillo 4, el Padre Pedrito Hernández del Secretariado Nacional de México se queda un día más en el país y en una aula de la recién construida U.C.A. da a los cursillistas una brevísima explicación sobre el Precursillo, el Grupo y la Ultreya. Los que asisten a aquella explicación vendrán a ser los primeros dirigentes del país, aunque la escuela de Dirigentes tardará todavía en nacer.

Los Cursillos se continúan dando con Rectores mexicanos, pero para el Cursillo 6to el resto del equipo es ya casi 100% nicaragüense.

Para entonces también se empieza a llevar grupos de León y de Chinandega y más adelante de Matagalpa, Estelí y Granada. Del 23 al 26 de Noviembre de 1965, se da el primer Cursillo en para León y Chinandega. El equipo que lo hizo posible fue también signo de comunión e Iglesia: cursillistas mexicanos sirvieron como rector y director espiritual, recordándonos que el MCC, desde sus orígenes, ha sido siempre un don compartido, una corriente de gracia que cruza fronteras y une corazones.

Poco a poco, la vida fue brotando.

Del 8 al 11 de Enero de 1966 se da el primer Cursillo de Mujeres para Managua y León, con una Rectora mejicana. En 1968, del 16 al 19 de abril, se celebró el primer Cursillo de Mujeres en León, completando así ese anuncio kerigmático que alcanza a todos, sin distinción, y que transforma desde dentro la vida de quienes se encuentran con Cristo.

Desde entonces, el Movimiento fue creciendo con paso firme, sostenido por la fidelidad de tantos cursillistas que, desde su vida ordinaria, han sido testigos del Evangelio en sus ambientes.

La última Diócesis que se incorporó a la vida cursillista fue la de Jinotega, que inició sus cursillos en 1989. Hoy es de las Diócesis más activas y a pesar de las circunstancias del país camina con paso firme.

La historia del MCC en Nicaragua también está marcada por nombres que han dejado huella profunda: sacerdotes consiliarios, dirigentes generosos, y testigos fieles que han sostenido la Escuela y el Movimiento con entrega silenciosa. Entre ellos, destacan figuras como Monseñor Federico Argüello o Carlos Mántica, junto a tantos otros que, conocidos o no, han hecho posible que esta obra siga viva.

Chale Mantica, ideo la celebración del Rodaje después del cursillo, para dar continuidad a los cursillistas. Y este se fue poniendo en practica en todos los países.

Porque el Cursillo, cuando es auténtico, no es solo un momento… es una vida que se contagia.

Hoy, al mirar hacia atrás, solo cabe dar gracias. Gracias por aquella primera semilla en 1963. Gracias por quienes dijeron “sí” sin saber hasta dónde llegaría. Gracias por cada Ultreya, cada Escuela, cada amistad nacida en Cristo.

Y sobre todo, gracias porque el Señor sigue actuando.

La historia del MCC en Nicaragua no es solo memoria: es llamada. Es una invitación a seguir viviendo lo fundamental cristiano, a seguir anunciando con alegría que Cristo vive y cuenta con cada uno de nosotros.

Porque, como siempre decimos…¡Cristo cuenta contigo!

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