El pasado 1 de mayo de 2026, la comunidad de Cursillos en París vivió un cumpleaños muy especial porque celebró los 25 años de presencia del Movimiento en Francia con cursillos en español y francés. Más que una fiesta, fue un reencuentro familiar marcado por la alegría, la fe compartida y el recuerdo vivo de todo lo que Dios ha sembrado todos estos años.
Un centenar de cursillistas se reunieron en la parroquia de Parroquia de San Francisco de Asís, iglesia donde tuvo lugar la eucaristía. Un momento esencial de este encuentro destinado a dar gracias al Señor y renovar la respuesta afirmativa a la misión de la evangelización.
Después el ambiente festivo continuó entre abrazos con la alegría de ver de nuevo a las personas que estuvieron presentes en los inicios de esta comunidad.
La jornada continuó en una sala especialmente preparada para la ocasión con una decoración llena de flores de múltiples colores y las fotos de los 54 cursillos organizados todos estos años.
Varias intervenciones recordaron los primeros pasos dados hace ya un cuarto de siglo. Detrás de esta historia hay también un rostro de fe y de entrega: el de María Antonia Yanes. Una madre española, convencida de que debía compartir el tesoro espiritual que había transformado su vida, tocó muchas puertas en París hasta encontrar acogida en Saint-Germain-des-Prés. Allí, después de una misa, obtuvo apenas cinco minutos para hablar a los fieles. Ese pequeño espacio abrió el camino para que, el 28 de abril de 2001, naciera el primer cursillo mixto en Francia.
Desde entonces, el movimiento no ha dejado de crecer. Cerca de 500 personas han vivido la experiencia del cursillo en París gracias a 34 cursillos en español y 21 en francés. Pero más allá de las cifras, son las vidas transformadas las que dan verdadero sentido a esta celebración. Así lo manifestaba una de las participantes: “La renovación de nuestro compromiso me pareció algo extraordinario. Me hizo revivir ese día que le dijimos sí al Señor. Ver tanta generosidad de los hermanos fue como ver a Jesús multiplicando los panes. El cursillo ha cambiado mi perspectiva de vida y me ha regalado una gran familia en la fe.”
Para otra persona que ha participado en la organización de este aniversario expresaba su experiencia de servicio: “Este aniversario para mí ha sido un reto de amor y dedicación a Dios. No tengo el don de la palabra, pero pude poner en manos del Señor otros dones que Él me ha concedido. Ver la entrega de quienes han sido pioneros de esta misión en Francia, el acompañamiento del padre José García desde los comienzos y tantos laicos que han dado su tiempo generosamente me han llenado de admiración y me han motivado a seguir sirviendo.”
Para finalizar, mensajes de video enviados desde distintos países recordaron que el espíritu de cursillos no conoce fronteras y sigue uniendo vidas alrededor del mundo en una gran familia espiritual. La presentación de una gran tarta decorada con el logo del movimiento fue el toque final que más que un símbolo festivo, representaba la perseverancia de una comunidad que, 25 años después, conserva intacta la ilusión de sus comienzos.