[controle deslizante smartslider3="3"]

El MCC en España: una historia de fe que sigue dando fruto

Desde sus raíces en Mallorca hasta su presencia actual en las diócesis españolas, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad ha recorrido un camino de evangelización, amistad y servicio a la Iglesia.

La historia del MCC en España es la de un don acogido y compartido por generaciones de laicos y sacerdotes. Sus acontecimientos permiten reconocer un mismo impulso: acercar a las personas a Cristo y acompañarlas para que el Evangelio transforme sus vidas y sus ambientes.

Los comienzos: una nueva respuesta evangelizadora

Como explica Ideas Fundamentales, tercera edición, el Movimiento nació en Mallorca en la década de 1940, en el contexto de los Jóvenes de Acción Católica y de la preparación de la peregrinación a Santiago de Compostela de 1948.

La inspiración del Espíritu Santo fue acogida y compartida por un grupo de personas, entre ellas Eduardo Bonnín, un laico con un papel predominante; sacerdotes como monseñor Sebastián Gayá, y el entonces obispo de Mallorca, monseñor Juan Hervás.

En aquellos primeros años, el estudio y la reflexión compartida fueron acompañando el desarrollo de los Cursillos y la configuración del Movimiento, con una especial preocupación por los alejados de Dios y de la Iglesia. La Escuela de Responsables, las Reuniones de Grupo, las Ultreyas y el Secretariado Diocesano fueron ofreciendo cauces de formación, perseverancia y servicio a su misión evangelizadora.

La expansión por España

En 1953, el MCC comenzó su difusión por la península a través de Valencia. Las iniciativas personales y la actividad del Consejo Nacional de la Juventud de Acción Católica favorecieron su llegada a otras diócesis.

El traslado de monseñor Hervás a Ciudad Real, en 1955, y su carta pastoral Cursillos de Cristiandad, Instrumento de Renovación Cristiana, publicada en 1957, fueron determinantes para su aceptación y expansión. Desde las diócesis españolas, laicos y sacerdotes llevaron también la experiencia a Latinoamérica.

La incorporación de las mujeres fue ampliando esta historia compartida. Cada diócesis recorrió su propio proceso: en Sevilla, por ejemplo, el primer Cursillo de mujeres se celebró en diciembre de 1961. Con el tiempo se extendieron también los cursillos mixtos, como recoge la historia del MCC sevillano.

Una comunidad nacional que se organiza

En 1962 se constituyó el Secretariado Nacional de España, con monseñor Hervás como primer director. Se abría una etapa de coordinación, formación y servicio a los secretariados diocesanos.

La primera Ultreya Nacional, celebrada en Tarragona en julio de 1963, expresó esa comunión creciente. Reunirse permitía compartir los frutos del apostolado, fortalecer la identidad y renovar el compromiso evangelizador. Así lo recuerda la reseña histórica del MCC.

Las Ultreyas Nacionales acompañaron el desarrollo del Movimiento: Zaragoza acogió la cuarta en 1973 y Santiago de Compostela la quinta en 1976. Aquellos encuentros hicieron visible una realidad sostenida, día a día, por las escuelas, los grupos y las comunidades diocesanas.

Profundizar en la identidad y compartir la misión

El crecimiento planteó también la necesidad de reflexionar juntos sobre lo esencial del MCC. En 1972, Mallorca acogió el III Encuentro Mundial de Dirigentes, del que surgió la decisión de preparar Ideas Fundamentales. España volvía a ser lugar de encuentro para un Movimiento extendido por el mundo. El boletín del OMCC recuerda este hito.

Durante las décadas siguientes, la formación y el acompañamiento siguieron siendo tareas centrales. Las escuelas y los secretariados continuaron sirviendo a comunidades llamadas a evangelizar en una sociedad cambiante. La perseverancia en el cuarto día encontraba apoyo en la amistad, la oración y el compromiso compartido.

La dimensión europea tuvo una expresión destacada en la I Ultreya Europea, celebrada en Sevilla en 1993, cuya clausura tuvo lugar en la Real Maestranza. Fue una ocasión para compartir la fe más allá de las fronteras, recogida en la memoria de la Hermandad de las Aguas.

Del cambio de siglo a la renovación del encuentro

Guadalajara acogió la VI Ultreya Nacional en 1997. En 2008, más de dos mil cursillistas de 43 diócesis peregrinaron a Santiago para celebrar la séptima. Estos encuentros enlazaban la memoria peregrinante del Movimiento con su misión presente. El Secretariado Nacional resume este recorrido en su historia de las Ultreyas Nacionales.

Durante la pandemia, las comunidades buscaron formas de mantener el acompañamiento y la oración compartida. En 2022, Toledo acogió la VIII Ultreya Nacional bajo el lema «Volvamos a Galilea», con participación de 42 diócesis. Fue una llamada a renovar el encuentro con Cristo y regresar a los ambientes con esperanza, como transmite la crónica del encuentro.

Una historia que continúa hoy

En 2024, la conmemoración del 75.º aniversario reunió memoria agradecida y compromiso misionero. Hoy, la continuidad del MCC se reconoce en la celebración de nuevos cursillos, la formación de responsables y la perseverancia de sus comunidades.

El calendario nacional de 2026 muestra actividad en numerosas diócesis. Detrás de cada convocatoria hay personas que preparan, rezan, invitan y acompañan; comunidades que ofrecen su tiempo para que otros puedan vivir la experiencia del encuentro con Cristo.

Desde Mallorca hasta nuestros días, esta historia sigue escribiéndose en la vida cotidiana, allí donde cada cursillista está llamado a dar testimonio de su fe. Agradecer el camino recorrido nos compromete a cuidar el don recibido y a seguir ofreciéndolo con humildad, alegría y comunión eclesial.

¡De Colores!

OMCC 2024 © Todos los direitos reservados