Sebastián Gaya
Semblanza de Sebastián Gaya, presbítero.
Sebastián Gayá Riera nació en Felanitx, (Mallorca, España), el 31 de julio de 1913, hijo de un maestro, Sebastián, y un ama de casa, Catalina. Fue el mayor de cuatro hermanos, de los que sobrevivieron tres: el propio Sebastián, Francisco y Micaela. Otra Micaela, la segunda hija, murió al poco de nacer. Al día siguiente fue bautizado en su parroquia de San Miguel. A los 40 días, su madre le consagró a la Virgen en el Santuario local de la Salud. Todos eran buenos cristianos; don Sebastián padre, fervoroso militante de AC.
Agobiados por la situación económica, a sus seis años la familia emigró a la Argentina. A los 12 surgió su vocación sacerdotal y, al año siguiente, con 13 años, embarcó él solo a España para cursar la carrera sacerdotal en Mallorca, bajo la tutela de su tío Bartolomé Gayá, sacerdote y maestro nacional. Éste le impuso estudiar, a la vez (durante los veranos), el bachillerato civil y la carrera de magisterio. No tenía buena salud, pero era muy brillante en los estudios. Obtuvo varios galardones literarios. Ganó una beca en el Colegio diocesano de La Sapiencia del que fue elegido Rector por sus compañeros.
El 22 de mayo de 1937, tras haber hecho como voluntario el servicio militar en la II República (para no retrasar las órdenes), recibió del Arzobispo-Obispo de Mallorca, don José Miralles, el presbiterado. Movilizado otra vez por el nuevo régimen, sirvió como capellán de Capitanía y fundó seis centros en otros tantos cuarteles de la isla, donde contactó con un nutrido grupo de soldados, encaminándolos hacia la JAC.
Desmovilizado en 1939, fue nombrado catedrático (sucesivamente de lengua, literatura, latín, historia de la filosofía, oratoria, etc.) del Seminario Mayor y creó el Centro Interparroquial de JAC de Santa Eulalia. En 1944 fundó la Escuela de Propagandistas, en la que participan Eduardo Bonnín y los demás Iniciadores de Cursillos. Es nombrado Director del Boletín Diocesano de Jóvenes de AC, que pasa a llamarse PROA. Para la formación de dichos jóvenes en sus Centros Parroquiales, publica una serie de artículos titulada Etapas de un Peregrinar (1945-6) que, en buena medida (y sin pretenderlo), esbozaban los Rollos Místicos del Cursillo. También escribe para ellos un folleto titulado Dirigentes y la célebre Hora Apostólica.
A instancias del recién llegado Obispo Coadjutor (con derecho a sucesión), don Juan Hervás, en 1947 es nombrado por el Obispo Miralles, Consiliario Diocesano de los JAC. Con el Consejo Diocesano, asumen la preparación de la Peregrinación a Santiago (proyecto Aparici). Parten de los Cursillos de Adelantados y los adaptan a la diócesis como Cursillos de Jefes de Peregrinos. En tal proceso descubren inductivamente que no basta una peregrinación o revitalizar la JAC: hay que despertar hambre de Dios en la juventud.
A la muerte de Miralles, Hervás le nombra Canciller Secretario y Canónigo de la Catedral. En verano del 48 preside, como Delegado del Obispo, la Peregrinación mallorquina a Santiago, a cuyo término proclama en Palma: Nuestro lema era: ¡A Santiago santos!; a partir de ahora: ¡Santos y Apóstoles!
Al regreso de la Peregrinación, la Escuela (con el Presidente Bonnín y el Consiliario Gayá a la cabeza, y los demás Iniciadores, a la que se ha incorporado Juan Capó como Viceconsiliario), prepara el “Primer” Cursillo (oficial), cuyo Rector será Eduardo. De las meditaciones y “rollos místicos” (en torno a la Gracia) encargará a Capó y a Guillermo Payeras. Dicho Cursilllo se celebra en San Honorato, del 7 al 10 de enero de 1949. Al término del Retiro, Capó se ausenta a causa de sus obligaciones académicas. Payeras se queda para todo lo demás: rollos, meditaciones y atención sacerdotal. El domingo por la mañana acude el Consiliario Gayá quien dio una “lección” sobre la perseverancia y presidió la Clausura en nombre del Obispo. Allí, además de leer una carta de Hervás exhortando a repetir dichos Cursillos, proclamó el profético “mayores maravillas veréis”.
Poco más tarde Sebastián es nombrado Consiliario Diocesano de la AC general. Obtiene los nombramientos de Juan Capó y Jaime Davíu como Consiliarios, respectivamente, de los JAC (Cursillos) y los Aspirantes. Sigue participando en la Escuela que pronto se llamará de Dirigentes. Se multiplican los Cursillos en Mallorca y saltan a la Península y al extranjero (América).
En 1955 Hervás es trasladado a Ciudad Real. Los rumores decían que en represalia por sus imprudencias en favor de Cursillos. Gayá queda en el obispado de Mallorca, a la espera del nuevo Obispo, don Jesús Enciso. Éste publica una Carta Pastoral muy contraria a Cursillos y el Canciller Gayá es destituido de todos sus cargos. Queda como catedrático y canónigo. A instancias de Hervás y con el apoyo del cardenal de Tarragona, pasa a Madrid, a trabajar en la Comisión Episcopal de Migraciones, con expresa prohibición de su ordinario mallorquín de hacerlo en Cursillos. Sin embargo, invita privadamente a vivirlos, antes de ir al extranjero, a los capellanes de nuestros emigrantes en Europa, Hispanoamérica y Asia.
Cuando la Santa Sede crea el Secretariado Nacional (1962), el nuevo Director, Hervás, le nombra inmediatamente Vicedirector. Le encarga todo: sede y finanzas, personal, boletín, relaciones internacionales, etc. Desde este puesto se empeña en promover, no sin dificultades, el influjo doctrinal de Eduardo en Cursillos. Publica El cómo y el porqué y una malograda edición del Ideario (Vertebración de ideas). Prepara desde Madrid la exitosa Ultreya Mundial de Roma (1966), con Pablo VI.
En otoño de 1968 sufre una grave crisis cardíaca (doble infarto de miocardio), efecto del estrés laboral y de las reservas de Hervás, quien le considera demasiado cercano a Bonnín. Es relevado de todas sus responsabilidades “por razones de salud”. Tardará un año y medio en restablecerse. A medida que puede, va cumpliendo el viejo encargo de don Juan: compone Reflexiones para Cursillistas de Cristiandad, que Hervás aprueba y prologa por propia iniciativa. Progresivamente retorna a las tareas del Secretariado, en principio sin nombramiento ni título. Ante las tensiones entre Hervás y Bonnín (tema del “fundador”), decide contemporizar con los excesos protagonistas del primero e invita desde la amistad al segundo a hacer lo propio para prolongar su influencia. Éste rechaza la propuesta e insiste en su actividad internacional al margen del Nacional de España. Gayá colabora en la formación del GET (Grupo Europeo de Trabajo).
Participa en los Encuentros Mundiales de Dirigentes (Mallorca-72 y Venezuela-88) y en las dos primeras versiones de Ideas Fundamentales (capítulo 6 de la versión II, dedicado al Cursillo). A principios de los 70 escribe la voz Cursillos de Cristiandad del Diccionario de Historia Eclesiástica de España (Suplemento) de Q. Aldea-T. Marín-J. Vives, no publicado hasta 1987 por problemas presupuestarios del CSIC. Por esta causa el artículo resulta anticuado. A petición de Cesáreo Gil Atrio, Asesor Eclesiástico del naciente Organismo Mundial (Venezuela), redacta una serie de 8 artículos para su boletín TESTIMONIO, de 1987 a 1993. Destacan los dedicados a El asesor del Movimiento de Cursillos, El Director Espiritual del Cursillo y Carisma fundacional del MCC, que analizan nuestra inserción en la acción profética de la Iglesia, en el momento del Primer Anuncio o Kerygma. En la misma perspectiva e inspirándose en el magisterio del papa Wojtyla, publica La segunda evangelización de Europa en el pensamiento de Juan Pablo II (1990).
Don Juan llega a pedir a Gayá, en carta secretísima, que corte sus relaciones con Eduardo. Sebastián le responde que hará cualquier sacrificio personal por la paz y reconciliación de todos. No las cortó, pero se enfriaron. Sin embargo, cuando se celebraron las “Conversaciones de Cala Figuera” (verano de 1994, 50 aniversario del “primer cursillo” de Bonnín), Sebastián asistió, a pesar de no haber sido invitado, “porque Bonnín es mi amigo”.
Tras el fallecimiento de don Juan Hervás (1982) y su sucesión por don José Capmany, éste reorganiza las Viceconsiliarías de España. Gayá continúa en una de ellas, pero rodeado de otros y personalmente desautorizado. También él se resitúa: se orienta cada vez más hacia la diócesis de Madrid. Solicitado por un grupo de cursillistas procedentes de la desaparecida Ultreya de Parque Móvil, crea la de Claudio Coello, que pronto se traslada a López de Hoyos, y también la Escuela de San Pablo. Ambas se incorporan al Secretariado Diocesano de Madrid. Empiezan a dar Cursillos y a crear nuevas Ultreyas, siempre en comunión con la diócesis. Para celebrar el 50 aniversario del Cursillo de San Honorato (1999) propone a la Permanente Madrileña una convivencia conjunta de las Escuelas existentes, en vistas a su plena unificación. Lo consigue.
En sus últimos años, cada vez más limitado por problemas de salud, a petición de la Fundación que lleva su nombre y del padre Loyola Gagné (Cursillos francófonos de Canadá), revisa la Hora Apostólica y compone la Oración a San Pablo. Su legado definitivo para el Movimiento, ya en el lecho de muerte y a solicitud del entonces Consiliario Nacional de España (monseñor Saiz Meneses) fue: ¡Santos, Apóstoles y Unidos!
Jordi Girau, pbro