[controle deslizante smartslider3="3"]

Testimonio Ultreya Mundial Roma 2025.

Pablo Martínez: “El Espíritu Santo me habló en un Pentecostés de Colores.”

 

Este viaje a Roma ha significado mucho para mí. La posibilidad de viajar a Roma con parte de mi familia, de disfrutar, de “conocer” a León XIV…
Todo empezó con una cuenta pendiente. La primera vez que estuve en Roma me quedé sin ver la basílica de San Pablo Extramuros, y por fortuna, después de comer una maravillosa carbonara romana, llegué a la basílica.
¿Lo mejor de la basílica? Los miles de cursillistas que estábamos allí. Pude saludar a amigos de Córdoba, Sevilla, Madrid, Asturias… Pero no solo de España. Aunque haya vivido 2 JMJ, una PEJ y varias peregrinaciones multitudinarias, siempre me mueve el cruzarme con alguien de cursillos y saludarnos como si nos conociéramos de toda la vida. Fue una maravilla disfrutar de las palabras del presidente mundial con esa frase que me hizo sonreír “todos los que estamos aquí tendríamos que decir con orgullo, la gente de cursillos somos gente enamorada del Señor, de los demás, de nuestro movimiento”, escuchar los testimonios de varios cursillistas y conocer las diferentes realidades del MCC en el mundo.
El sábado, después de una noche de sueño corta pero reparadora, cruzamos la puerta santa de la basílica de Santa María la Mayor, encontrándonos con la tumba del Papa Francisco, al que le tenía mucho cariño. Durante la Ultreya Mundial le pedía al Señor por una intención clara “no dejes que mi corazón se endurezca, hazlo un corazón blando y rebosante de amor”. Y dicho y hecho. En el sagrario de la basílica me arrodillé y casi sin darme cuenta, al ponerme en presencia del Señor, mi corazón se llenó de amor. De Su amor. Con lágrimas en los ojos y un corazón rebosante solo me salía agradecer a Dios el poder estar en Roma con mi familia, el poder disfrutar de momentos y Ultreyas como la del viernes, y sobre todo, por escucharme y por cuidarme tanto como lo hace.
Esa misma tarde tuvimos otro momento mágico -el fin de semana estuvo lleno de estos momentos- que fue la vigilia con el Papa. Después de varias horas al sol romano abrasador tuvimos el regalo de ver de cerca a León XIV. Nos dejó algunas perlas para reflexionar como la frase “La evangelización, queridos hermanos y hermanas, no es una conquista humana del mundo, sino la infinita gracia que se difunde a través de vidas transformadas por el Reino de Dios”. Para mi, que subo a mi primer cursillo como equipo de responsables en diciembre, fue un toque de atención. No porque estuviese haciendo algo malo, sino porque me hizo ver otra vez que la evangelización no es algo que se hace leyéndole el evangelio de San Lucas a alguien en voz alta, sino a través de mi testimonio vital, de vivir acercándome a Dios día tras día. Todo esto no sería posible sin el motor de nuestra vida, motor que íbamos a recibir al día siguiente en la celebración de Pentecostés: el Espíritu Santo.
El domingo, después de un madrugón para coger sitio en la Plaza de San Pedro para ver al Papa, tuvimos la suerte de que nos asentamos en una zona cercana al altar, por donde vimos pasar a León XIV, que se sonrió al escucharnos cantar el “De Colores”. En la homilía el Papa predicó sobre el Espíritu Santo, sobre Pentecostés. Tuve la suerte (o la causalidad) de que parecía que hablaba directamente para mi.
León habló del Espíritu, de cómo nos llama a estar en activo abriendo fronteras, sobre todo, dentro de nosotros. Me recordó mucho al mensaje del Papa Francisco de que no debemos ser jóvenes de sofá, sino jóvenes con las zapatillas puestas. Que el Espíritu nos renueva y nos ayuda a limpiarnos por dentro, romper con lo que no debemos ser y nos ayuda a acercarnos a Jesús, que debe ser modelo de nuestra vida.
Mencionó también el pasaje de la Torre de Babel, que siempre me ha llamado la atención. Dios confundió a los hombres dándoles idiomas diferentes para que no pudieran entenderse y así parar la construcción de la torre. Sin embargo, el día de Pentecostés, el Espíritu Santo dio el don de lenguas a los apóstoles y los envió a cada uno a evangelizar. Así, con el mismo gesto que una vez dividió a la humanidad, con diferentes idiomas, unificó a diferentes pueblos y realidades bajo una misma fe. Para mi esto resuena con otra enseñanza de Francisco: “no construir muros, sino tender puentes”. El mensaje del Papa es claro. En un mundo interconectado la gente cada vez se ve, y lo que es peor, se siente más sola, sin esperanza, sin amor. Es parte de nuestra tarea como cristianos el acompañar, el dar esa esperanza y, en la medida de lo posible, evangelizar a estas personas.
¿Y cómo puedo yo, un joven de 25 años evangelizar a tanta gente? Pues la respuesta me la daba el Papa también en la homilía. Invocando al Espíritu, orando por los corazones de aquellas personas que no conocen al Señor o se han apartado de sus caminos. Creando lazos de amistad con estas personas, que nos acerquen a ellas y nos ayuden a crear un vínculo. Y lo más importante: dando testimonio del Evangelio en nuestra vida. Es la forma más rápida de hacer que la Palabra llegue al resto del mundo. Casualmente estas tres tareas se pueden resumir en una palabra (o acrónimo): TAO. Todo esto se cerró con la frase que se lleva repitiendo décadas y que guía mi vida en todos sus aspectos. “No tengáis miedo”.
Esta reflexión la vi durante la misa y en momentos de oración posteriores que tuve. Todavía me sorprendo de todo el jugo que le saqué a un Encuentro mundial, a un fin de semana muy intenso y plagado de regalos del Señor.

¡De Colores!

OMCC 2024 © Todos los direitos reservados

plugins premium WordPress